Tango de burdel, salón y calle.
- BALLET ARGENTINO -
Como parte del contexto del Festival "Aires Buenos Aires", organizado por el Municipio de la Ciudad, se ha presentado en dos funciones la Compañía del Ballet Argentino que actualmente festeja sus 20 años y cuenta con la dirección de Julio Bocca - su fundador- y el reconocido maestro Raúl Candal. Con una troupe renovada de bailarines, en esta oportunidad interpretó en el Anfiteatro del Parque Centenario la obra "TANGO DE BURDEL, SALÓN Y CALLE" de la coreógrafa Ana María Stekelman.
Luego de algunas bajas importantes en la Compañía de Julio Bocca, como en los casos de la dúctil Cecilia Figaredo y el talentoso Hernán Piquín, otrora figuras solistas del ballet, los nuevos integrantes con Eleonora Cassano a la cabeza han presentado una obra al aire libre que trata sobre la historia del tango de forma cronólogica según lo estipula el guión de Elio Marchi. Cabe aclarar que esta pieza fue creada tras la jubilación de Julio Bocca, a pedido de Verona (Italia) como espectáculo de tango en pareja, y terminó por concretarse en una producción pequeña con una orquesta y cantante en vivo.
Dentro de la formación del ballet, en estas dos presentaciones se contó con un grupo heterogéneo de bailarines de formación clásica y contemporánea, que ha tenido desempeños anteriores en otras ramas de la danza como ser el tango y el teatro musical. También el regreso a las huestes del Ballet Argentino de parte de Julieta Gros, antigua integrante del mismo que hoy vuelve a bailar en esta compañía tomando la posta de los papeles de Figaredo, es significativo. Su carrera ha alternado entre el ballet de Bocca en sus primeros años, el Ballet del Teatro San Martín - bajo la dirección de Mauricio Wainrot- y su gran interpretación como Judy en la obra de Broadway "Movin'Out" de la renombrada coreógrafa Twyla Tharp, para luego volver al Ballet Argentino como primera figura. Su crecimiento artístico se muestra claramente en la escena del burdel donde se destaca al bailar emborrachada mientras Karina Levine interpreta "Esta noche me emborracho", uno de los primeros tangos canción que data de 1.928 firmado por Discépolo.
Volviendo a la concepción de la obra en sí, se trata obviamente de un relato danzado en el que la historia del tango rioplatense evoluciona a lo largo de cinco escenas bien determinadas por Elio Marchi: su nacimiento con la llegada de inmigrantes españoles, polacos e italianos en 1.860 que al bailar las danzas folcklóricas de cada país - mazurcas, tarantelas, pasodobles- comienzan a mezclar sus culturas resultando en nuevos pasos que generarán los inicios del tango porteño al compás del sonido de un bandoneón. Luego, es el 1.900 lleno de prejuicios, y los burdeles en Buenos Aires contemplan un 2x4 sólo para hombres que incluye trabajos de partenaire diseñados por Stekelman para la troupe masculina con eficacia; hasta que aparecen las chicas del prostíbulo que interpretan "Melenita de Oro", entre otros, con soltura.
La tercer escena nos remonta a los viejos salones de baile donde Eleonora Cassano vestida de charleston - según el vestuario diseñado por Renata Schussheim- baila con su partenaire un tango más bohemio y rebelde, conquistando el gusto de la clase alta porteña con altos battements y jetés. Así, los jóvenes pudientes de la sociedad argentina comienzan a adoptar esta nueva danza en eventos de gran concurrencia.
En la siguiente escena, aquella que muestra la decadencia del tango luego de la Segunda Guerra Mundial, cuenta con un cambio musical que si bien quiere demostrar la irrupción de otros ritmos extranjeros, sorprende al espectador por lo inesperado y rotundo, ya que en medio de un espectáculo que utiliza un mismo código musical - con valses, tangos y milongas- se escucha un rock and roll que interrumpe la atmósfera creada hasta entonces generando un bache en la obra. Los integrantes del Ballet Argentino ingresan a escena para bailar enérgicamente dos canciones de este género, y luego todo vuelve a la normalidad. Es decir, el código tanguero se retoma, aunque ya no se trate del tango al modo milonguero sino de la época que comienza en los 80's donde de la mano de Astor Piazzola la música ciudadana vuelve a las callecitas de Buenos Aires de forma renovada. Esta vez, la coreografía toma un estilo más moderno, con matices entre la danza moderna y pasos individuales de tango que demuestran el conocimiento de ambos estilos por parte de la coreógrafa a cargo.
El final, con un trío liderado por Cassano, que se entrelaza al ritmo de un tango electrónico del siglo XXI, permite observar la mutación tanto musical como interpretativa de la cultura tanguera, volviéndola universal y requerida por otros países del mundo. La vuelta a las milongas con gente de diversas nacionalidades que, seducidos por el tango, quieren aprender a bailarlo tal como sucedió a finales del siglo diecinueve cierra el círculo de esta narración.
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Buen diseño de luces de Omar Possemato, que alternó cada escena con diversos ambientes cromáticos, acompañando el movimiento del sobrio vestuario de Schussheim que esta vez optó -para las mujeres- por polleras de falda ancha y con vuelo que varió en colores para cada coreografía y -para el grupo masculino- por pantalones de pinzas, tiradores y boinas.
Los bailarines del Ballet Argentino, con Eleonora Cassano incluida, se desempeñaron correctamente tanto en su calidad técnica al bailar como en su interpretación de los diferentes roles. Pese al desperfecto técnico del anfiteatro sufrido en la segunda función, que detuvo la acción en medio de una coreografía, el dúo de bailarines en escena supo mantener la energía durante la espera para repetir los pasos sin más sobresaltos al volver la luz al escenario, y así resolver la situación con el profesionalismo que caracteriza a estos intérpretes.
Destacable la actuación de la orquesta "China Cruel" que siguiendo la dirección musical del músico Julian Vat deleitó al público presente en cada uno de los temas elegidos para la ocasión, sabiendo acompañar a los bailarines a lo largo de toda la obra con su vasto repertorio.
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